Un seguimiento reveló que la calidad del sueño REM y profundo actúa como escudo contra dolencias graves.
Existe la creencia de que dormir es una pausa, un intermedio. Como si la noche fuera tiempo perdido. Pero la evidencia científica dice lo opuesto: lo que ocurre mientras dormimos es tan crítico para la salud como lo que comemos o cuánto nos movemos.
Un estudio masivo realizado por la Universidad Médica Capital de China acaba de cuantificar esto. Durante casi una década, investigadores siguieron a 95.559 personas equipadas con acelerómetros en la muñeca —dispositivos que registran los patrones de sueño con precisión—. El resultado fue contundente: “Las personas que duermen más en la fase REM tienen menos probabilidades de padecer 83 enfermedades, entre ellas la enfermedad de Parkinson, la demencia, enfermedades cardíacas, hipertensión e insuficiencia cardíaca”, señala el estudio publicado en la revista PLOS Medicine.
No es un número al azar. Son 83 dolencias diferentes. Desde problemas cardiovasculares hasta trastornos neurológicos. Desde diabetes hasta depresión. Todo vinculado a una sola variable: qué pasa en el cerebro cuando cerramos los ojos.
Los datos fueron claros. “Las personas que dormían entre seis y ocho horas cada noche eran las que obtenían mayores beneficios para la salud”, explica el estudio. No es poco o mucho. Es una franja precisa, dentro de la cual el cuerpo despliega su poder regenerativo.
Además, quienes dormían profundamente —entrando en las fases más restaurativas del sueño— experimentaron beneficios adicionales. Menor riesgo de apnea del sueño. Menor incidencia de depresión. Protección contra la enfermedad de Parkinson. Defensa contra la diabetes tipo 2.
“Mantener una duración del sueño de entre seis y ocho horas puede reducir eficazmente el riesgo de múltiples enfermedades, lo que proporciona nuevas perspectivas para la promoción de la salud y la práctica preventiva”, concluyen los autores del estudio.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, en línea con esta evidencia, recomiendan al menos siete horas para adultos, con matices según la edad.