La psicología explica qué puede haber detrás de la impuntualidad.
Mientras culpamos a otros de impuntuales, la psicología ofrece un espejo incómodo: ese hábito de llegar tarde esconde dilemas emocionales, confusiones entre perfeccionismo y responsabilidad, y patrones que pueden reescribirse con disciplina.
La escena es común: alguien llega quince, treinta minutos tarde y ofrece una disculpa rápida. Los demás asumen que faltó organización, falta de respeto o simplemente descuido. Pero los especialistas en comportamiento humano saben que la realidad es más intrincada.
“Hay rasgos de personalidad que favorecen que seas más puntual o impuntual. Y eso se educa en realidad. Uno nace con un temperamento, pero la personalidad se moldea”, plantea Dany Blázquez, psicólogo español.
El retraso persistente no es casualidad. Es un síntoma de algo más profundo: la manera en que alguien se relaciona con el tiempo, el control, la ansiedad y la responsabilidad.
Aquí es donde la mayoría se equivoca. Los impuntuales parecen perfeccionistas, y lo son. Pero la causa no es el perfeccionismo en el sentido que imaginamos.
“Cuanto más escrupuloso eres, más responsable y puntual eres. Es un término que significa ser responsable, es decir, querer hacer bien las cosas, tener cierto autocontrol o no dejarte llevar por la impulsividad”, explica Blázquez.
Las personas que llegan tarde suelen tener puntuaciones bajas en escrupulosidad. “Suelen ser más impulsivos, se regulan peor emocionalmente, es decir, sus emociones fluctúan más”, señala el psicólogo.
El paradójico: esos mismos impuntuales son casi siempre perfeccionistas, pero de otra índole. “Se preocupan tanto por el detalle o por hacer bien las cosas que se retrasan continuamente”, dice Blázquez.
¿Cuál es la diferencia? “La escrupulosidad tiene que ver con la responsabilidad. Son responsables con la hora a la que se han comprometido a estar. En cambio, el perfeccionismo tiene que ver con algo más ególatra. Lo quieren hacer siempre perfecto, no quieren que haya espacio para el fallo. Y ese perfeccionismo les lleva constantemente a retrasar la tarea”, aclara el especialista.
Es decir: quieren ordenar la casa antes de partir. Asegurarse de que todo esté impecable. Pero esa búsqueda de perfección termina saboteando el compromiso más importante: llegar a tiempo.