El sector del juguete argentino encara el Día del Niño con caída de ventas, exceso de stock y fábricas al 30% de su capacidad.
El sector del juguete argentino llega al Día del Niño, que se celebrará este domingo 16 de agosto, en un escenario de marcada contracción. Las ventas del primer semestre registraron una caída del 10%, y aunque esta fecha concentra aproximadamente el 60% de la facturación anual del rubro, las expectativas se orientan hacia un consumo medido, fuertemente atado a ofertas, descuentos y promociones bancarias. El contexto es de ajuste generalizado: las fábricas operan apenas al 30% de su capacidad instalada y al menos cinco plantas se encuentran en proceso de cierre, con una reducción de empleo que se ha canalizado principalmente a través de jubilaciones y la no renovación de contratos en empresas pyme familiares.
El comportamiento del mercado presenta diferencias regionales notables. Mientras Neuquén sostiene un nivel de ventas relativamente aceptable, regiones como Mendoza, el NEA y el NOA sufren con mayor intensidad la caída del consumo y la presión del contrabando. En los comercios de barrio, el ajuste es particularmente visible: decenas de locales han cerrado sus puertas o han migrado exclusivamente al canal online durante los últimos dos años y medio. Silvia Shocron, dueña de la histórica juguetería Yamanca en el barrio de Flores, refleja el sentir general: «Este año está más difícil por el poder adquisitivo. Los juguetes no aumentaron, pero otros gastos sí, y eso complica todo». En su local, el ticket promedio ronda entre los $15.000 y $20.000, aunque la oferta abarca desde productos de $3.000 hasta artículos de lujo de $400.000.
Uno de los factores que más distorsiona el mercado es el canal de importación «puerta a puerta». La Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ) ha denunciado no solo la competencia desleal, sino también graves riesgos para la salud infantil. En pruebas de compra realizadas en plataformas como Temu, la mayoría de los productos analizados presentó no conformidades, incluyendo la presencia de ftalatos, sustancias químicas restringidas en la fabricación de juguetes. La entidad ha presentado más de 30 denuncias, una de las cuales derivó en allanamientos por el popular juguete «Squeezy Dumplings».
El panorama importador refleja un fuerte desajuste estructural. Durante 2025 ingresaron juguetes por USD 114,5 millones, con un incremento del 75,8% en volumen respecto al año anterior, lo que generó un stock acumulado que muchas empresas han tenido que liquidar a pérdida durante 2026. En el primer semestre de este año, las importaciones tradicionales cayeron un 13,8% en valor. Además, la Cámara advierte sobre la práctica generalizada de la subfacturación: en 2025, más de un tercio del volumen importado ingresó declarando valores inferiores a USD 2 por kilo, una cifra técnicamente inviable para cualquier juguete. Esta distorsión contrasta fuertemente con países vecinos como Brasil o Uruguay, donde los valores declarados son significativamente más altos.
Ante este escenario de menor demanda y exceso de mercadería, muchos fabricantes nacionales buscan reconvertirse hacia la actividad importadora para sobrevivir, mientras los comercios tradicionales confían en las promociones bancarias para reactivar las ventas en los días previos a la celebración. Sin embargo, las perspectivas para el cierre del año son inciertas: apenas el 35% del sector espera una mejora, mientras el resto prevé un estancamiento o una profundización de la caída. La recuperación, por ahora, no se vislumbra en el horizonte inmediato.