Una especialista en uroginecología lleva años investigando cómo la vibración ayuda a tratar afecciones íntimas frecuentes en las mujeres.
Hablar de lo que pasa “ahí abajo” sigue siendo, para muchas mujeres, más incómodo que hablar de una cirugía a corazón abierto. Esa resistencia a poner en palabras el malestar genital o pélvico tiene consecuencias concretas: tratamientos que se demoran, diagnósticos que llegan tarde y una salud sexual femenina que, según coinciden distintos especialistas, sigue estando lamentablemente poco estudiada.
En ese contexto, una línea de investigación viene ganando terreno en la uroginecología: el uso médico de estimuladores vibratorios para tratar afecciones del suelo pélvico.
La doctora Alexandra Dubinskaya, especialista en el tema del Centro Médico Cedar-Sinai, lo resume sin vueltas: “Muchas mujeres se avergüenzan de hablar de lo que ocurre ahí abajo, incluso con sus médicos. Se puede hablar de una cirugía de triple bypass mientras se toman cócteles, pero no de un trastorno del suelo pélvico”.
Los músculos del suelo pélvico sostienen la vejiga, el intestino y la vagina. Cuando se debilitan, pueden aparecer cuadros como el prolapso de órganos pélvicos, la incontinencia urinaria o la vulvodinia, un dolor vulvar crónico que afecta tanto la vida sexual como la calidad de vida en general.
Hay un dato que circula entre especialistas y que pocas veces se dice en voz alta: hasta un 75% de las mujeres afirma haber sentido dolor durante las relaciones sexuales en algún momento de su vida.
“Los músculos del suelo pélvico son como cualquier otro músculo. Pierden fuerza y elasticidad si no se usan con regularidad”, explica Dubinskaya. Durante la menopausia, además, la caída de estrógenos acelera ese debilitamiento y adelgaza los tejidos de la zona genital, lo que puede volver dolorosas las relaciones sexuales.
La vibración aplicada a tejidos y músculos no es una novedad en medicina: se usa desde hace décadas para reducir dolor, fortalecer huesos y mejorar el rendimiento muscular, incluso en pediatría para aliviar el dolor de las vacunas. La pregunta que se hizo Dubinskaya fue si ese mismo principio podía aplicarse a la zona genital.
En 2023, Dubinskaya fue coautora de una revisión bibliográfica sobre el tema, con resultados alentadores en los pocos estudios disponibles. A partir de ahí, lideró un estudio piloto con mujeres de entre 18 y 80 años. Quienes usaron un dispositivo vibratorio tres veces por semana durante tres meses reportaron mejoras significativas no solo en el prolapso, la vulvodinia y la atrofia vaginal, sino también en su salud mental y calidad de vida general.
“La vibración actúa como un poderoso mecanismo curativo, relajando los músculos del suelo pélvico y aumentando el flujo sanguíneo a los genitales”, señala la especialista. “Además, usar un vibrador facilita que las mujeres experimenten el orgasmo”.
Un hallazgo llamativo del estudio: ni siquiera fue necesaria la estimulación interna para obtener beneficios. Las participantes se centraron en la estimulación externa, y aun así reportaron mayor deseo, mejor lubricación y mayor facilidad para alcanzar el orgasmo. “Una mujer que participó en el estudio experimentó su primer orgasmo a los 70 años usando un vibrador”, cuenta Dubinskaya.