Suelen ser marrones o negros y benignos, pero a veces cambian de forma o color y hay que consultar al médico.
Los lunares o nevus son parte de la vida de todas las personas, se trata de acumulaciones de melanocitos -las células que producen melanina, el pigmento que da color a nuestra piel- y pueden ser de nacimiento o ir apareciendo a lo largo de la vida, especialmente durante la infancia y adolescencia.
Su desarrollo está influenciado por la genética y, muy especialmente, por la exposición solar ya que las radiaciones ultravioleta estimulan la producción de melanina, destacó la dermatóloga española Isabel Del Campo, directora médica del Instituto de Dermatología Integral.
Además, dijo que tener lunares es algo completamente normal. “La mayoría de las personas tiene entre 10 y 40 lunares en su cuerpo y, en la gran mayoría de los casos, son benignos y no presentan ningún problema de salud.
Las personas con piel clara, cabello rubio o pelirrojo y ojos claros suelen tener más lunares y pecas y es esto es así porque “su piel produce menos melanina de forma natural, por lo que es más sensible a la radiación ultravioleta, lo que favorece la aparición de nevus y otras lesiones pigmentadas”, señala la dermatóloga y agrega que quienes sufrieron quemaduras solares, especialmente durante la infancia, “también desarrollan más lunares”.
Aunque, la mayoría de los lunares son benignos, es importante vigilarlos periódicamente ya que algunos pueden sufrir cambios y, en casos poco frecuentes, transformarse en un melanoma o cáncer de piel. Debemos preocuparnos cuando un lunar experimenta cambios y para identificarlos, los dermatólogos recomiendan aplicar la regla del ABCDE:
- Asimetría: cuando la mitad del lunar no coincide con la otra mitad
- Bordes irregulares: con forma desigual o mal definida
- Color: no uniforme, con diferentes tonos
- Diámetro: mayor de 6 milímetros
- Evolución: cualquier cambio en tamaño, forma o color en poco tiempo
Si además pica, sangra o duele, “es fundamental acudir al dermatólogo”.