A veces, se necesita una dosis extra de seguridad. Cambiar la manera en la que posicionamos nuestro cuerpo puede ser la clave.
Tener que exponer un proyecto en clase, hablar con la persona que nos gusta o afrontar una entrevista de trabajo puede generar un poco de inseguridad. Si nuestra postura no es la ideal, es en esos momentos, cuando desearíamos tener una varita mágica que pudiera aportarnos una confianza extra.
En este tipo de situaciones, la seguridad marca la diferencia, no solo en cómo nos sentimos, sino también en los resultados que obtenemos y, por eso, resulta interesante conocer nuevos métodos.
Uno de ellos son las denominadas posturas de poder, que constituyen una herramienta útil y fácil de implementar y que se basan en la psicocorporalidad.
El cuerpo y la mente están estrechamente relacionados y los estados de uno se reflejan en el otro de forma bidireccional y, así como nuestro cuerpo expresa lo que sentimos, un cambio postural también puede modificar nuestras emociones.
Uno de ellos son las denominadas posturas de poder, que constituyen una herramienta útil y fácil de implementar y que se basan en la psicocorporalidad.
El cuerpo y la mente están estrechamente relacionados y los estados de uno se reflejan en el otro de forma bidireccional y, así como nuestro cuerpo expresa lo que sentimos, un cambio postural también puede modificar nuestras emociones.
“Transmitimos información y mucha, a través del lenguaje no verbal. Una sonrisa, una mirada baja o un cruce de brazos nos cuentan si nuestro interlocutor está feliz, temeroso o a la defensiva y esto lo captamos al instante, sin un esfuerzo consciente. De hecho, en el mundo animal también se produce este tipo de exhibiciones que sirve como interacción con los otros», señaló la psicóloga española Elena Sanz.
Sanz, quien es especialista en psicología clínica y psicoterapia cognitivo-conductual, dijo además: “Generalmente, las posturas expansivas y abiertas demuestran poder, pudiendo llegar a intimidar. Por el contrario, una pose encogida, encorvada o contraída, indicaría temor. Los demás captan, mediante el lenguaje corporal, cómo nos estamos sintiendo, lo que tiene también efectos en nosotros mismos».
Utilizar las posturas de poder en el día a día
Emplear este tipo de poses es de mucha utilidad, ya que nos proporciona un incremento casi instantáneo de la seguridad y la confianza. Las posturas de poder son aquellas en las que nuestros brazos están separados del cuerpo y el tronco avanza hacia adelante. Son posturas abiertas y expansivas entre las que se encuentran las siguientes:
- Levantar los brazos sobre la cabeza a modo de victoria.
- Poner las manos en la nuca.
- Apoyarnos en la mesa con los brazos firmes.
- Colocar los brazos en jarra y echar los hombros hacia atrás.
Tal como demuestra la investigación, adoptar estas posturas durante dos minutos es suficiente para generar esa dosis extra de confianza. Sin embargo, puede resultar positivo también realizar un cambio postural más prolongado.