Sin ropa y sin tabúes: el taller que dirige una profe de tantra

La propuesta combina música, meditación y movimiento para invitar a los participantes a desprenderse de mandatos.

El nudismo no está relacionado con la sexualidad, sino con la posibilidad de liberarse de los prejuicios sobre el cuerpo y reencontrarse con la propia esencia. Bajo esa premisa nació este taller, que propone animarse a la desnudez a través de la música, el movimiento y la meditación.

Desnudarse no es una obligación. Sin embargo, quienes buscan una experiencia más profunda de conexión corporal y espiritual suelen elegir hacerlo. La propuesta apunta a naturalizar la visión del cuerpo desnudo y dejar de asociarlo automáticamente con la excitación sexual para vincularlo con el reconocimiento y la aceptación personal.

El Ecstatic Dance es una práctica de meditación en movimiento. En esta versión, la danza se realiza descalzos, sin consumo de alcohol y con una invitación opcional a la desnudez. La música ocupa un rol central y hablar durante la experiencia está prohibido.

Anuk es terapeuta holística, profesora de tantra y cantante. También el cerebro detrás de este evento. “Creé este espacio con la invitación a sacarse la ropa como una forma de liberarnos. La idea es que, con cada prenda que dejamos, también podamos soltar aquello que nos pesa, que ya no nos corresponde o que no queremos seguir cargando. Bailar con el cuerpo desnudo nos permite conectar sin etiquetas y aceptarnos tal como somos”, explicó en diálogo con la prensa.

En este taller integra esas disciplinas para ofrecer una experiencia diferente, con el objetivo de generar un espacio terapéutico abierto a personas de distintos recorridos y edades. “No tiene que ver con el sexo, sino quizás con la energía erótica entendida como energía vital. Es una invitación a conectar con esa fuerza que nos recuerda que estamos vivos. Después de todo, la vida comienza con un hecho sexual”, sostuvo.

El nudismo no está relacionado con la sexualidad, sino con la posibilidad de liberarse de los prejuicios sobre el cuerpo y reencontrarse con la propia esencia. Bajo esa premisa nació este taller, que propone animarse a la desnudez a través de la música, el movimiento y la meditación.

Desnudarse no es una obligación. Sin embargo, quienes buscan una experiencia más profunda de conexión corporal y espiritual suelen elegir hacerlo. La propuesta apunta a naturalizar la visión del cuerpo desnudo y dejar de asociarlo automáticamente con la excitación sexual para vincularlo con el reconocimiento y la aceptación personal.

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El Ecstatic Dance es una práctica de meditación en movimiento. En esta versión, la danza se realiza descalzos, sin consumo de alcohol y con una invitación opcional a la desnudez. La música ocupa un rol central y hablar durante la experiencia está prohibido.

Anuk es terapeuta holística, profesora de tantra y cantante. También el cerebro detrás de este evento. “Creé este espacio con la invitación a sacarse la ropa como una forma de liberarnos. La idea es que, con cada prenda que dejamos, también podamos soltar aquello que nos pesa, que ya no nos corresponde o que no queremos seguir cargando. Bailar con el cuerpo desnudo nos permite conectar sin etiquetas y aceptarnos tal como somos”, explicó en diálogo con TN.

En este taller integra esas disciplinas para ofrecer una experiencia diferente, con el objetivo de generar un espacio terapéutico abierto a personas de distintos recorridos y edades. “No tiene que ver con el sexo, sino quizás con la energía erótica entendida como energía vital. Es una invitación a conectar con esa fuerza que nos recuerda que estamos vivos. Después de todo, la vida comienza con un hecho sexual”, sostuvo.

Cómo es la dinámica del taller
Nadie llega desnudo al encuentro. La desnudez, cuando ocurre, aparece de manera progresiva y siempre es una decisión personal. La intención es que, quienes lo deseen, puedan terminar bailando sin ropa, pero el consentimiento y el respeto por los límites individuales son pilares de la propuesta.

Al comenzar el encuentro, Anuk realiza una charla para explicar las reglas de convivencia. “Si quiero acercarme a bailar con alguien, primero tengo que buscar el contacto visual y observar si la otra persona también quiere hacerlo: aprendemos a poner límites. Si alguien no desea interactuar, puede marcarlo con un gesto, como mostrar la palma de la mano, y quien se acercó debe retirarse respetando esa decisión”, explicó.

El contacto genital no está permitido. La experiencia prioriza el vínculo con uno mismo y propone relacionarse con los demás sin perder esa conexión personal.

La música cumple una función protagónica. Comienza con algo relajante para meditar y luego va subiendo la intensidad del ritmo. Los participantes empiezan a moverse al son de la música con los ojos cerrados y se habilitan a hacer los movimientos que les nazca en ese momento.

No existe una coreografía ni una manera correcta de bailar. Justamente, la propuesta consiste en dejar de lado los movimientos pensados y permitir que el cuerpo fluya con libertad.

El taller está destinado a mayores de 18 años y se realiza en el sex shop Erotic Pink, ubicado en Nicaragua 5606, en el barrio porteño de Palermo. La próxima edición será el 11 de agosto. La inscripción se realiza a través de la página oficial del local y los cupos son limitados para favorecer la experiencia del grupo.

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