Una investigación con más de 400 mujeres encontró un patrón que los médicos casi no discuten con sus pacientes.
Hay un efecto secundario de la píldora anticonceptiva que casi nunca aparece en el prospecto ni en la consulta médica: la tendencia a comer más cuando aparecen emociones negativas.
Ahora, un estudio publicado en JAMA Network Open encendió una alarma discreta pero importante sobre este vínculo que venía siendo ignorado por la ciencia durante décadas.
La investigación fue dirigida por Kelly L. Klump, doctora en psicología de la Universidad Estatal de Michigan, Estados Unidos, y siguió durante 49 días consecutivos a 422 mujeres de entre 15 y 30 años. Cada noche completaron cuestionarios sobre:
- su alimentación
- su estado de ánimo
- y su preocupación por el peso y la imagen corporal.
Los resultados fueron consistentes: durante los días en que tomaban las pastillas con hormonas activas, las participantes reportaron comer de forma significativamente más frecuente por razones emocionales que durante la semana de pastillas inactivas o placebo.
La explicación que proponen los investigadores tiene que ver con la combinación de estrógenos sintéticos y progestina que contiene la píldora combinada —el tipo más común— y su efecto sobre los sistemas de recompensa del cerebro.
Esos circuitos controlan los antojos y el placer asociado a comer. Cuando ambas hormonas están elevadas al mismo tiempo, como ocurre en la fase posterior a la ovulación del ciclo natural, estudios en animales de hace más de cuatro décadas ya mostraban un aumento en la ingesta de alimentos.
Las pastillas combinadas reproducen artificialmente ese estado hormonal durante toda la fase activa del blíster. “Las hormonas sintéticas presentes en las píldoras anticonceptivas combinadas pueden activar los sistemas de recompensa del cerebro de forma que aumenten los antojos”, señalaron los autores, aunque aclararon que se trata todavía de una hipótesis que requiere más estudio.
Un dato que los investigadores se encargaron de aclarar: el aumento en la ingesta emocional no se debió simplemente a que las mujeres se sintieran peor durante los días activos. Las emociones negativas fueron controladas en el análisis y el patrón se mantuvo de todas formas. Tampoco hubo cambios en la preocupación por el peso o la imagen corporal, según el tipo de pastilla tomada.