Las inyecciones para adelgazar se pusieron de moda como una solución rápida para bajar de peso, pero la pregunta clave es: ¿Realmente vale la pena usarlas en todos los casos?
Estos medicamentos imitan la acción de una hormona llamada GLP-1, que ayuda a sentir mayor saciedad, disminuye el apetito y retrasa el vaciamiento del estómago. En términos simples, pueden facilitar que una persona coma menos y, por lo tanto, consuma menos calorías. Uno de los productos más conocidos es Ozempic, indicado principalmente para la diabetes tipo 2, aunque no todas las presentaciones tienen las mismas indicaciones.
El problema aparece cuando se confunde la falta de hambre con una alimentación adecuada. Muchas veces, un paciente me cuenta que, al no tener hambre, termina comiendo menos de lo que necesita. Pero bajar de peso no es solo comer menos: también importa qué se pierde. Cuando el descenso es muy rápido, se puede perder no solo grasa, sino también masa muscular y otros componentes importantes. Por eso, una alimentación bien planificada, suficiente proteína y entrenamiento de fuerza son claves para evitar perder músculo.
Si alguien usa inyecciones para adelgazar y, sin acompañamiento nutricional, come mucho menos de lo necesario, puede estar descuidando justamente esas masas que queremos conservar. El festejo por bajar rápido puede ocultar una pregunta importante: ¿Qué fue lo que realmente bajaste?
Mientras se usa la medicación, el control del apetito suele ser más fácil. Pero, ¿qué pasa cuando se deja el tratamiento? Si durante ese tiempo no se trabajó sobre las porciones, las elecciones alimentarias, la actividad física o la relación con la comida, será mucho más difícil manejar el regreso del hambre.
No se trata solo de voluntad: el cuerpo tiene mecanismos que favorecen la recuperación del peso perdido. Pero si nunca se aprendió a manejar la alimentación, el problema se agrava. En algunos casos, incluso puede ser necesario un tratamiento prolongado. Por eso, pensar que una inyección reemplaza el trabajo sobre los hábitos es un error.
El punto central es el costo-beneficio. En mi experiencia, he visto personas que usaron este tipo de medicamentos para bajar tres o cuatro kilos con fines puramente estéticos. No estoy en contra de querer verse mejor, pero en una persona sana, con un objetivo pequeño, priorizaría una estrategia nutricional y de entrenamiento bien planificada antes que medicarse.
En cambio, para alguien con obesidad, dificultades sostenidas para bajar de peso y complicaciones de salud asociadas, el beneficio clínico puede ser muy importante. En esos casos, con indicación y seguimiento médico, el balance entre beneficios y riesgos cambia completamente. Es la misma herramienta, pero no se está resolviendo el mismo problema.
El punto central es el costo-beneficio. En mi experiencia, he visto personas que usaron este tipo de medicamentos para bajar tres o cuatro kilos con fines puramente estéticos. No estoy en contra de querer verse mejor, pero en una persona sana, con un objetivo pequeño, priorizaría una estrategia nutricional y de entrenamiento bien planificada antes que medicarse.
En cambio, para alguien con obesidad, dificultades sostenidas para bajar de peso y complicaciones de salud asociadas, el beneficio clínico puede ser muy importante. En esos casos, con indicación y seguimiento médico, el balance entre beneficios y riesgos cambia completamente. Es la misma herramienta, pero no se está resolviendo el mismo problema.
No estoy en contra de las inyecciones para adelgazar. Estoy en contra de usarlas cuando no hacen falta. Una cosa es necesitarlas para mejorar la salud y otra muy distinta es usarlas para bajar unos pocos kilos estéticos que podrían trabajarse con una buena planificación nutricional y de entrenamiento. Antes de empezar, la pregunta clave es: ¿Realmente necesito un medicamento para lograr este objetivo o puedo alcanzarlo con cambios de hábitos bien guiados?
(*) Facundo Crescenzo (M.N. 6.796) es licenciado en Nutrición y Antropometrista.