Tiene una enzima que ayuda en la descomposición y absorción de las proteínas y que ayuda a inhibir los receptores de dulce.
Muchas veces, cuando terminamos de comer, sentimos la necesidad de darnos un capricho: necesitamos ingerir algo dulce. Esto se debe a una combinación de factores psicológicos y biológicos que nos empujan a caer en la tentación, pero podemos aplicar ciertas estrategias si no somos capaces de imponer nuestra fuerza de voluntad y controlarnos.
Para ello, algunos trucos nos pueden ayudar, por ejemplo, lavarse los dientes antes de sentir la necesidad de ese dulce puede ser una alternativa porque el dentífrico contiene lauril sulfato, una sustancia que se encarga de bloquear los receptores de dulce en tu lengua para que se impongan los receptores de amargo.
Pero también hay alimentos que más allá de los beneficios que aportan por el mero hecho de ser saludables, nos ayudan a mejorar nuestro bienestar y uno de ellos es una fruta que, además de ser un excelente postre, nos aleja de optar por un dulce: el ananá.
El ananá funciona muy bien para los antojos de dulce porque contiene bromelina, que es una enzima que rompe las proteínas. Literalmente, el ananá te está rompiendo un poco la lengua y esa sensación de picor satura los receptores y te quita las ganas de comer dulce después, asegura el doctor español José Manuel Felices, quien añade que la bromelina ayuda en la descomposición y absorción de las proteínas e inhibe los receptores de dulce. “Aprender el truco del ananá puede ayudarnos para que comer dulce no sea algo constante: la salud es equilibrio, no castigo”, explicó.