Escena desgarradora: un matrimonio encontró asesinados a sus hijos

Las cuatro víctimas tenían entre 5 y 10 años. El sospecho nunca fue identificado.

El 6 de enero de 1979, Singapur quedó conmocionado por un crimen que, décadas después, todavía sigue sin resolverse. Esa mañana, Tan Kuen Chai y su esposa Lee Mei Ying salieron de su departamento en el barrio de Geylang Bahru para trabajar, como hacían todos los días. Ambos manejaban un micro escolar y debían comenzar temprano su jornada.

Antes de irse, dejaron durmiendo a sus cuatro hijos pequeños. Horas más tarde, al volver a la casa, encontraron una escena aterradora: los chicos habían sido asesinados de manera brutal.

Las víctimas eran Tan Kok Peng, de 10 años; Tan Kok Hin, de 8; Tan Kok Soon, de 6; y Tan Chin Nee, de apenas 5 años, la única nena de la familia. Los tres mayores asistían a la escuela primaria Bendemeer Road, mientras que la menor iba a un jardín de infantes.

Según la reconstrucción de los investigadores, los padres dejaron el departamento cerca de las 6:35 de la mañana. Poco después, Mei Ying intentó llamar por teléfono para despertar a los chicos, algo que hacía con frecuencia. Sin embargo, nadie respondió.

Preocupada, la mujer le pidió a un vecino que golpeara la puerta del departamento para ver si los nenes seguían durmiendo. El hombre fue hasta el lugar, pero tampoco obtuvo respuesta.

Si bien comenzaron a inquietarse, los padres siguieron trabajando hasta regresar a la casa después de las 10:00. Fue entonces cuando descubrieron una escena de horror: los cuerpos de los cuatro chicos estaban en el baño del departamento, acostado boca arriba y apilados uno encima del otro.

El crimen no solo impactó por la edad de las víctimas, sino por la brutalidad con la cual fue cometido. De acuerdo con los informes policiales, todos los chicos tenían múltiples heridas provocadas por armas blancas. Cada uno había recibido al menos 20 puñaladas.

El mayor de los hermanos, Kok Peng, presentaba lesiones defensivas y el brazo derecho casi amputado, por lo que los peritos sospecharon que intentó defenderse o proteger a los demás durante el violento episodio. La menor, Chin Nee, tenía varios cortes en la cara.

Rápidamente, los investigadores concluyeron que no se había tratado de un robo, ya que no había señales de ingreso forzado y no faltaba ningún objeto de valor en el departamento. Además, no había signos de desorden, lo que reforzó la teoría de que el atacante había actuado con un objetivo específico.

La policía también determinó que el crimen había sido planificado. Las armas utilizadas nunca fueron encontradas, aunque se cree que el asesino usó un machete y otro cuchillo o daga. Aun así, la escena dejó algunos rastros inquietantes, como el hallazgo de manchas de sangre en la bacha de la cocina. Por ello, se sospechó que el asesino se lavó antes de escapar.

Por otra parte, los peritos también remarcaron la ausencia de ruidos durante el hecho. A pesar de que los departamentos de ese barrio estaban muy cerca entre sí y las paredes eran delgadas, ningún vecino escuchó gritos ni forecejos.

En esa línea, surgió un testimonio clave: un taxista informó a la policía que, cerca de las 8:00 de esa mañana, un joven de unos 20 años subió a su vehículo cerca del bloque 58. Según el conductor, el hombre tenía manchas de sangre en el lado izquierdo de su cuerpo y, al bajar, el chofer notó que llevaba un objeto punzante que golpeó contra la puerta del auto. Si bien este testigo ayudó a realizar un identikit, el sospechoso nunca fue localizado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *