La investigación muestra que sumar entrenamiento mental al físico ayuda a gestionar mejor las emociones.
La escena es conocida para cualquier deportista: segundos antes de competir, el cuerpo se tensa, la respiración se acelera y la adrenalina entra en acción. Ese estado puede potenciar el rendimiento, pero también jugar en contra.
La ansiedad, el nerviosismo y el temor al error suelen impactar negativamente en la precisión, la toma de decisiones y el control motor.
Una investigación liderada por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) demostró que complementar el entrenamiento físico con sesiones de entrenamiento mental basadas en neurofeedback puede mejorar el autocontrol emocional y reducir el estrés asociado a la competencia deportiva.
El trabajo fue publicado en Cuadernos de Psicología del Deporte y estuvo a cargo de las investigadoras Lourdes Carrascón, psicóloga clínica y del deporte y Mercè Boixadós, profesora e investigadora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, integrantes del grupo BDLab (Behavioral Design Lab) del Health Center de España.
La investigación parte de una observación frecuente en el ámbito deportivo: atletas con alto nivel técnico que ven deteriorado su rendimiento en situaciones de presión. Carrascón, con años de experiencia acompañando deportistas profesionales, detectó un patrón repetido.
“Quería enseñarles cómo el nerviosismo los bloqueaba, mientras que cuando estaban tranquilos eran capaces de ejecutar su rutina”, explicó la investigadora, quien desarrolló el estudio en el marco de su doctorado bajo la dirección de Boixadós.
Aunque la investigación se centró en deportistas, sus conclusiones abren la puerta a otras aplicaciones. Las autoras sostienen que este tipo de entrenamiento basado en la autorregulación emocional y la gamificación podría ser útil en contextos no deportivos.
Según señalan, podría aplicarse para gestionar el estrés y la ansiedad laboral, mejorar el bienestar en entornos profesionales exigentes y favorecer una mejor regulación emocional en la vida cotidiana. Entrenar la mente, al igual que el cuerpo, puede marcar la diferencia. Y hacerlo de manera consciente, medible y motivadora parece ser una herramienta con cada vez más respaldo científico.