Enmeshment: cuando el vínculo familiar convierte el amor en control

Los límites se vuelven difusos y la autonomía queda atrapada cuando un pariente se involucra de manera excesiva en las relaciones personales de los demás.

El crimen de Carolina Flores, exreina de belleza de Baja California asesinada en México, volvió a poner en discusión una forma de vínculo familiar poco conocida por fuera del ámbito psicológico: el enmeshment, también llamado “entrelazamiento” o “vínculo enmarañado”.

El término empezó a circular luego de que se conocieran detalles del caso y de que la suegra de la víctima fuera señalada como principal sospechosa. Según trascendió, una frase atribuida a la mujer —“tú eres mío y ella te robó”— abrió el debate en redes sobre los vínculos familiares donde el amor, la dependencia y el control se mezclan de manera peligrosa.

Es importante aclararlo desde el comienzo: ningún concepto psicológico alcanza para explicar ni justificar un femicidio. Un crimen debe ser investigado por la Justicia y no puede reducirse a una etiqueta clínica. Pero el caso sí permite hablar de una dinámica que existe en muchas familias, en distintas intensidades, y que puede generar sufrimiento, culpa y dificultades para construir una vida propia.

La Asociación Americana de Psicología define el enmeshment como una situación en la que dos o más personas, generalmente miembros de una familia, se involucran de manera excesiva en las actividades y relaciones personales de los demás.

En estos vínculos, los límites se vuelven confusos. Una madre puede sentir que tiene derecho a opinar sobre todo lo que hace su hijo adulto. Un padre puede vivir la privacidad de una hija como una traición. Una pareja puede sentirse culpable por tener amigos, intereses o decisiones que no pasan por la aprobación del otro.

“En este tipo de relaciones, frecuentes entre madres e hijos, pero no exclusivamente, los límites emocionales están difusos o no existen. Todo parece muy unido, pero está demasiado mezclado, y no queda espacio para lo propio”, señala Alfie.

El enmeshment no siempre se ve desde afuera. Muchas veces se disfraza de amor, sacrificio o unión familiar. Frases como “somos muy unidos”, “en esta familia se cuenta todo” o “nadie te va a querer como tu mamá” pueden sonar afectuosas, pero en algunos contextos también pueden funcionar como una forma de control.

Algunas señales frecuentes son:

  • dificultad para tomar decisiones sin aprobación familiar;
  • culpa al poner límites;
  • miedo a que el otro se enoje o se sienta abandonado;
  • invasión de la privacidad;
  • necesidad de saberlo todo sobre la vida del otro;
  • rechazo hacia parejas, amistades o intereses externos;
  • sensación de que diferenciarse es “traicionar” a la familia.

“Un hijo que siente que no puede tener privacidad sin que el padre se ofenda, una madre que necesita saber, opinar y estar en todo, o la dificultad para tolerar que el otro tenga amigos, pareja o intereses propios son ejemplos de cómo se ve el enmeshment en lo concreto”, describe Alfie.

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