Con su irreverencia y un discurso de mano dura, Abelardo de la Espriella sacudió el tablero político de Colombia.
El candidato “outsider” del ultraderechista Partido Defensores de la Patria parte como favorito para el balotaje del 21 de junio frente al candidato izquierdista Iván Cepeda, heredero del presidente Gustavo Petro.
A los 47 años, este admirador de Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele ganó de manera sorpresiva las elecciones del domingo en su país, aunque no le alcanzó para ser electo en primera vuelta.
Sacó un inesperado 43,73% de los votos, casi tres puntos más que Cepeda, que obtuvo el 40,91%, más allá del desconocimiento del conteo oficial que anunciaron el presidente y el candidato oficialista tras los comicios.
“Hay una alta probabilidad” de que De la Espriella llegue al balotaje como el gran favorito, dijo a la prensa el analista Carlos Moreno, docente de la Universidad Pontificia Javeriana.
De la Espriella no estaba en los planes de nadie para ganar en primera vuelta. Cepeda esperaba obtener una victoria por amplio margen y arañar un 50% más uno de los votos que lo posicionara como virtual ganador en el balotaje. Pero no solo quedó lejos de ese objetivo. Además, perdió la elección.
Quién es Abelardo de la Espriella
Con un discurso rupturista y un estilo descontracturado y populista, De la Espriella sacó del camino a la derecha tradicional que gobernó hasta hace cuatro años y en forma ininterrumpida el país.
Es un verdadero “outsider” de la política colombiana que aprovecó su impulso como abogado polémico y mediático para instalar su figura en la política nacional.
Se hace llamar “El Tigre” y promete bombardear a los numerosos grupos armados e irregulares -guerrilleros, paramilitares y narcos- que provocaron la mayor ola de violencia de la última década.
Sus credenciales son conocidas. No solo es admirador de Trump. También es donante del Partido Republicano de Estados Unidos.
A lo largo de su campaña dejó en claro que quiere ser un nuevo Milei e imitar las políticas de mano dura del presidente de El Salvador Nayib Bukele, que ayudaron a erradicar las pandillas en el país centroamericano, aunque con una estela de denuncias de violaciones a los derechos humanos.
Pero antes de lanzarse a la política, hizo fortuna a través de una controvertida carrera profesional como abogado de clientes algo flojo de papeles, como el empresario colombo-venezolano Alex Saab, acusado de ser testaferro de Nicolás Maduro y actualmente detenido en Estados Unidos.
También fue abogado de David Murcia Guzmán, un empresario acusado de urdir una de las mayores estafas piramidales en la historia de Colombia.
Sus apariciones mediáticas lo llevaron a la fama, que ahondó con posiciones radicales como cuando llamó a asesinar a Maduro en un artículo periodístico.