El peso argentino en su mejor momento en años

Un superávit extraordinario de divisas —cosecha récord, petróleo patagónico y deuda corporativa— sostuvo una apreciación nominal del 4,9% mientras la inflación acumulaba 9,4% en el primer trimestre.

Hay algo casi surreal en los números que dejó el primer cuatrimestre de 2026 en el mercado de cambios argentino. El dólar mayorista cerró abril en $1.391, casi 64 pesos por debajo del nivel con que Argentina arrancó el año. En términos reales, ajustando por una inflación que acumuló 9,4% solo en el primer trimestre, la pérdida de poder adquisitivo del billete verde en el mercado interno rozó el 16%. Para un país que en los últimos cincuenta años registró once devaluaciones de magnitud, ver al peso como el activo ganador del año tiene la textura de un acontecimiento histórico. O de una anomalía que tarde o temprano se corregirá.

La pregunta que recorre las mesas de dinero de Buenos Aires no es si el fenómeno es real sino cuánto de lo que está ocurriendo responde a fundamentos genuinos y cuánto es el resultado de una confluencia de factores extraordinarios que, por definición, no pueden durar para siempre.

Tres motores que no se ven todos los años juntos

La abundancia de dólares que caracterizó el cuatrimestre reconoce tres fuentes bien identificadas, cada una relevante por sí misma, y excepcionalmente poderosa en su combinación.

El primero es el campo. La campaña 2025/26 se encamina a un récord de 144 millones de toneladas, con picos en maíz, soja y trigo. La Bolsa de Comercio de Rosario proyecta ingresos por exportaciones agrícolas de USD 34.500 millones para todo el año, un número que en cualquier escenario histórico reciente habría generado presión alcista sobre el peso, no bajista. El complejo sojero, que lidera con USD 3.420 millones, llegó con la particularidad de que sus precios internacionales se ubican un 20% por encima del promedio de 2025.

El segundo motor es Vaca Muerta. Se proyecta que las exportaciones energéticas saltarán desde los USD 6.000 millones recientes hacia una banda de entre USD 8.000 y 9.000 millones en 2026, generando un superávit energético cercano a los USD 9.000 millones. A diferencia del agro, este flujo no tiene estacionalidad marcada: es divisas durante los doce meses del año. El crecimiento estructural de las exportaciones de petróleo y gas, coincidente con precios elevados del crudo, está cambiando el perfil de la balanza de pagos argentina de un modo que los modelos tradicionales de análisis cambiario aún no terminan de procesar.

El tercer motor es financiero. Desde las elecciones legislativas de octubre de 2025, las empresas argentinas colocaron obligaciones negociables en mercados internacionales por un total de USD 9.900 millones. De ese monto, USD 6.800 millones ya ingresaron al mercado local. Restan liquidar otros USD 3.200 millones, según precisó Vladimir Werning, vicepresidente del BCRA, en una presentación ante inversores en Washington. Esos fondos, que en cualquier otro momento habrían pasado desapercibidos, hoy engrosaron una oferta de divisas que ya era excepcional.

El Banco Central compra, pero el peso igualmente se aprecia
Frente a ese diluvio de dólares, el Banco Central no se limitó a observar. Desde que el nuevo esquema monetario entró en vigor en enero —con bandas que se ajustan según la inflación con rezago de dos meses, en lugar del crawling peg fijo del 1% mensual que regía hasta 2025—, la autoridad monetaria acumuló compras por cerca de USD 7.100 millones al cierre de abril, representando ya el 71% de la meta anual de USD 10.000 millones. Solo en abril, el mes más activo del año, absorbió USD 2.700 millones en 76 ruedas consecutivas con saldo comprador. Las reservas brutas superaron los USD 44.000 millones.

Y aún así, el peso se apreció.

El ministro de Economía Luis Caputo cuantificó la magnitud de la intervención: sin las compras del BCRA, estimó, el peso sería cerca de un 20% más fuerte de lo que está. Es decir, el tipo de cambio no subió pese al exceso de oferta de divisas. Subió gracias a que el Banco Central compraba todo lo que podía para evitar que bajara aún más. El corredor cambiario —cuyo techo cerró abril en $1.703,22— dejó al mayorista con un margen de flotación del 22,4% respecto del límite superior, una holgura inusual que el mercado interpreta como señal de tranquilidad.

También se debe destacar que aún se mantiene las restricciones sobre compra de divisas a empresas, sin las cuales el precio de la divisa podría no ser el mismo.

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