Marcado por las carencias que atravesó durante su infancia, el excampeón mundial convirtió su gimnasio en un espacio de asistencia durante la pandemia y extendió su ayuda a distintos barrios del conurbano.
Jorge “Roña” Castro murió este miércoles a los 59 años. A lo largo de su vida, construyó una carrera que lo llevó a la cima del boxeo mundial, pero también encontró otra manera de pelear: ayudar a quienes más lo necesitaban. Lejos del ring, dedicó buena parte de sus últimos años a la asistencia alimentaria en el conurbano bonaerense, donde impulsó una red de comedores y merenderos.
La iniciativa comenzó durante la pandemia de coronavirus, cuando muchos boxeadores atravesaban dificultades económicas por la paralización de la actividad. Castro organizó una olla popular en el gimnasio que tenía en la zona sur y, con el correr de los días, la convocatoria se amplió a las familias de los deportistas y a otros vecinos.
Con el tiempo, la ayuda se extendió a distintos barrios, entre ellos Villa Fiorito y Temperley. Además de los espacios que administraba, Castro abastecía a otros comedores y recibía pedidos de municipios como Almirante Brown y Ezeiza. En octubre de 2025, también había anunciado que trabajaba en la organización de un nuevo comedor en Morón, proyectado para asistir a 500 personas.
En su trabajo cotidiano, Castro observó cómo cambiaba el perfil de quienes se acercaban a buscar alimentos. Si al principio la asistencia estaba dirigida principalmente a los chicos y sus familias, con el tiempo aumentó la cantidad de adultos mayores que necesitaban ayuda para llegar a fin de mes.