El cerebro y la costumbre de equivocarse: qué dice la ciencia

Un nuevo estudio que incluyó un videojuego identificó tres perfiles psicológicos distintos.

Hay personas que, frente a una oportunidad, encuentran la manera de no aprovecharla. Otras que, cuando están a punto de terminar algo importante, lo dejan ir. Algunas que saben perfectamente que cierto hábito les hace mal y, aun así, vuelven a él una y otra vez.

No es mala suerte ni falta de voluntad. Según una investigación reciente, puede ser algo bastante más estructural: una falla en la forma en la que el cerebro conecta las acciones con sus consecuencias.

Un equipo de neurocientíficos y psicólogos de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), en Sídney, Australia, publicó sus hallazgos en la revista Nature Communications Psychology tras estudiar mediante un videjojuego por qué ciertas personas persisten en conductas que las perjudican, incluso cuando ya les mostraron dónde está el error.

Tras varias rondas, surgieron tres perfiles bien diferenciados.

  • Los sensibles detectaron rápido cuál planeta traía problemas y lo eliminaron de su estrategia.
  • Los inconscientes no encontraron el patrón solos, pero cuando se les explicó el error, ajustaron su comportamiento.
  • El tercer grupo —los compulsivos— siguió eligiendo la opción dañina incluso después de que se les mostró, con toda claridad, dónde estaba la trampa.

La investigación de la UNSW no ofrece recetas mágicas, pero sí una pista valiosa: si el problema radica en no conectar las propias acciones con sus efectos, el camino pasa por hacer esa conexión más visible y consciente. Llevar un registro de decisiones y resultados, trabajar en terapia cognitivo-conductual o consultar con un profesional de salud mental son algunos de los enfoques que apuntan en esa dirección.

El estudio también invita a una reflexión menos obvia: que reconocer el error no siempre es suficiente. Hay personas que necesitan algo más que información para cambiar. Y eso, lejos de ser una debilidad, es simplemente cómo funciona una parte del cerebro humano que todavía la ciencia está aprendiendo a descifrar.

Tropezar dos veces con la misma piedra ya no es solo un dicho. Ahora tiene un mecanismo estudiado, publicado y, al menos en parte, explicado.

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