Becky Jones fue diagnosticada erróneamente con un tumor cerebral terminal y sometida a tratamientos oncológicos que le cambiaron la vida.
A los 21 años, Becky Jones recibió una noticia devastadora: le dijeron que tenía un tumor cerebral terminal y que le quedaban pocos meses de vida. El diagnóstico, realizado por un oncólogo del Hospital Universitario de Coventry, en el Reino Unido, la llevó a someterse a 11 años de quimioterapia, un tratamiento que marcó su juventud y alteró todos sus planes.
Durante más de una década, Jones vivió con malestares constantes, se alejó de su familia y vio truncada su carrera profesional. Solo a los 34 años descubrió la verdad: nunca tuvo cáncer, sino una inflamación cerebral que podría haberse tratado con esteroides.
“Nunca tuve un tumor cerebral. Me diagnosticaron erróneamente y pasé por todo este tratamiento durante la mayor parte de mi vida adulta, sin motivo alguno”, se lamentó.
“Básicamente, me arruinó la vida”, añadió.
Hoy, junto a otros más de 40 pacientes, inició acciones legales contra la Fundación de los Hospitales Universitarios de Coventry y Warwickshire (UHCW), a la que acusan de haberlos sometido a tratamientos oncológicos prolongados o innecesarios.