Sam Bankman-Fried fue uno de los hombres más ricos del mundo, pero lo perdió todo de un día para otro.
Fue el rey de las criptomonedas. Decían que nadie tenía mejor ojo que él para las inversiones de riesgo, para multiplicar exponencialmente el dinero. Su patrimonio llegó a estar valuado en 25.000 millones de dólares y a ocupar la tapa de Forbes. Un estrafalario genio de las finanzas que, de pronto, cayó.
Y su caída fue brutal. En apenas tres días esos 25.000 millones pasaron a ser 900; en una semana no le quedaba nada. Ni siquiera la libertad. La justicia norteamericana lo condenó a 25 años de prisión. Sam Bankman- Fried pasó de ser el joven prodigio de las inversiones tecnológicas a ser un huésped (por largo tiempo) del sistema penitenciario. De un genio de las inversiones a un estafador.
El caso tiene una nueva vuelta de tuerca. Si hubiera sido ordenado, si no hubiera perdido todo de un día para el otro por sus desmanejos y maniobras fraudulentas, su fortuna hoy, con la explosión de la inteligencia artificial y sus apuestas tempranas, podría alcanzar los 100.000 millones de dólares.
Los padres fueron dos abogados prestigiosos. Él estudió física en el MIT. Desde muy joven deslumbraba con su inteligencia. Su ingreso al mundo cripto fue fulgurante. En poco tiempo, tanto él como sus empresas se convirtieron en importantes jugadores del medio, en una voz autorizada. Su visión a futuro sorprendía. Solía acertar cuando apostaba a empresas que recién empezaban. Fundó FXT y también Research Alameda, líderes en criptomonedas.
Todo iba bien hasta fines del 2022. Los inversionistas aportaban, los clientes le confiaban su dinero. El valor de la empresa se multiplicaba.
Bankman-Fried se mostraba ante el mundo como un empresario diferente al resto. Responsable, solidario, innovador. A pesar de aumentar cada vez más su patrimonio y el de sus empresas, construyó una imagen que lo alejaba del magnate voraz. Decía tener visión, saber cómo sería el futuro y se vanagloriaba de pensar en los demás y de preocuparse por los problemas más acuciantes de la humanidad.
El magnate cripto pregonaba una filosofía llamada altruismo efectivo. Decía que maximizaba las ayudas que daba a través de estándares rigurosos para que esa ayuda llegara a más personas y con mayor eficacia. Prometía donar toda su fortuna antes de su muerte. Mucho antes del final se quedó sin dinero, pero por otros motivos.
El perfil era alto. Pautaba avisos espectaculares durante el Super Bowl y contrataba a estrellas del deporte como Tom Brady o Steph Curry, en ese momento los jugadores más importantes de la NFL y la NBA. El lema de la campaña: “La forma más segura y sencilla de comprar y vender criptomonedas”. Pagó 135 millones de dólares para que el estadio de los Miami Heats llevara el nombre de su empresa. Además, contrató a supermodelos y celebridades para que auspiciaran sus empresas.
Durante varios meses (acaso, años) siguió apareciendo en los medios. Pero ya no en la portada de las revistas o portales de negocios, ya no por sus obras benéficas o por sus majestuosas movidas publicitarias. Apareció cotidianamente en la sección Policiales. Primero fue la detención, después las revelaciones del gran fraude, por último el juicio y la condena.
La gente confió miles de millones de dólares a Bankman- Fried y su plataforma. Muy pronto él desvió esos fondos hacia Alameda Research, otra de sus empresas de inversiones. Hizo la derivación de ese dinero sin autorización de quienes habían confiado en él y con maniobras que ocultaban los movimientos.
Uno de los fiscales comparó su modus operandi con el de un adolescente que juega al Monopoly. Tomaba dinero de un lado y lo ponía en otro, sin rendir cuentas, cumplimentar los pasos legales ni pedir autorización a sus clientes.
En total, el desfalco fue de 8000 millones de dólares. Ese dinero pertenecía a los clientes de la plataforma FTX y Sam Bankman-Fried: se lo apropió y lo desvió a otros negocios e inversiones.
Sam Bankman-Fried, el hombre que estuvo a punto de ser cristalizado como el genio de las criptomonedas y de las inversiones de riesgo, pasará el próximo cuarto de siglo en prisión por su actuar ilegal.