Cuba, entre la oscuridad y el abandono

Un documental exclusivo recorrió La Habana y muestra las dificultades del día a día que viven los cubanos.

Llegamos a Cuba con el pretexto de hacer un viaje turístico. El tiempo para esta cobertura será de una semana exacta, buscando contar y documentar la crisis energética, social y económica que vive el país que vuelve a estar en los titulares de los medios del mundo. Nos recibe la desolación: una población para la cual vivir hoy es subsistir. Caminar kilómetros para buscar lo que queda en las bodegas, donde acceden a lo que les corresponde según la libreta, y luego comprar lo que puedan en algún negocio de la capital para completar, en muchos casos, apenas una comida al día.

La Habana nos recibe casi sin turismo, opacada por la suciedad y el abandono. La vieja gloria de la ciudad hoy se desmorona lentamente. Las fachadas de los solares se descascaran. De a ratos, parece la postal de un país en guerra: edificios derruidos y otros directamente reducidos a escombros. Familias que viven con el temor de ser víctimas de otro derrumbe. Otras que padecen la escasez de medicamentos, y otras que simplemente buscan planear la salida.

“¿Cómo está la situación en Cuba?”, le preguntamos a un hombre que nos invita a pasar a su casa. “De difícil a imposible en ese tramo”, indica con las manos. Nos cuenta que vive de alquilar un pequeño cuarto y que en su misma casa también vive con sus padres: su papá, de 88 años y su mamá de 76. “Ahora mismo es imposible vivir en Cuba. Imposible. Mira las calles cómo están. Todo se está cayendo, todo se está derrumbando. Todas esas epidemias, producto de todas esas cochinadas que hay en las calles. No hay medicamentos en los hospitales. Mi padre peleó por esto”.

La incertidumbre es total. Cuando llegamos a la isla, a fines de marzo, no ingresaba petróleo desde hacía tres meses. Mientras Donald Trump repite la frase “Cuba is next” y empieza a especularse sobre cuál puede ser el destino del castrismo, los cubanos sobreviven con hambre de todo tipo. En especial, con hambre de cambio y libertad. Así lo resume una mujer de 66 años que convive hace cinco con un dolor en la rodilla producto de una caída. “Que cambie todo esto y que podamos estar como las personas”, dice ante nuestra cámara, antes de quebrarse.

Hoy, en Cuba, se habla de alumbrones, más que de apagones, dada la extensión en el tiempo que suelen tener los cortes de energía. Eso hizo que volviera ese término acuñado en el llamado Período Especial, una de las mayores crisis en la historia de la isla. “¿Hace cuánto no tienen luz?”, le preguntamos a una mujer que estaba sentada en una vereda, en medio de un apagón. “Desde las seis de la tarde”, dice. “¿Y cuántos días estuvieron así con cortes?”, repreguntamos. “¿Cuántos días? Es todos los días, mami”, contesta la señora.

La crisis energética afecta el funcionamiento de lo más básico, desde el sistema de salud, hasta la conservación de alimentos. “Vea cuántas horas nos metemos sin luz. Estamos a expensas de que nos la quiten a las seis de la tarde y no la ponen más hasta las seis de la mañana… La comida ya hay que comprarla hoy en día en Cuba a diario, para que no se eche a perder. Un paquete de picadillo (carne picada). Porque si tú compras un paquete de pollo, que está carísimo -casi es un salario hoy en día-, se echa a perder”, cuenta un hombre que se define como “un comunista más, pero diciendo la verdad”.

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